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Nota histórica sobre la Filial Súplica

Rumbo a un “cambio de paradigma”

Sandro Magister, talvez el más conocido vaticanista en actividad,  recordaba en un artículo en Espressoonline del 1 de marzo 2014, lo que había dicho el Papa Francisco al respecto del discurso del Cardenal Kasper en el Consistorio de pocos días antes:

"Ayer, antes de dormir, pero no para adormentarme, he leído – he leído de nuevo – el trabajo del cardenal Kasper y quisiera agradecerle, pues he encontrado profunda teología, incluso un pensamiento sereno en la teología. Es agradable leer teología serena. Y he encontrado también aquello que san Ignacio llamaba 'sensus Ecclesiae', el amor de la Madre Iglesia. Me ha hecho bien y se me ha ocurrido una idea – discúlpeme Eminencia si lo hago avergonzarse – pero la idea es que esto se llama ‘hacer teología de rodillas’. Gracias. Gracias".

Ya corrían muchas voces al respecto pero nadie sabía exactamente cuáles eran la palabras que tanto habían impresionado al Pontífice. Fue una vez más Sandro Magister a ilustrar  otros particulares: 

“En el curso de su ponencia, Kasper ha dicho que quería “sólo colocar preguntas” porque “una respuesta sería tarea del Sínodo en sintonía con el Papa". Pero si se lee lo que ha dicho a los cardenales, se ve que se trata mucho más que de preguntas; se trata de propuestas de solución ya sólidamente concebidas. A las cuales el Papa Francisco ha ya mostrado que quiere adherir. Y son propuestas fuertes, un verdadero "cambio del paradigma". En particular acerca de aquello que el proprio Kasper considera el problema de los problemas, la Comunión a los divorciados vueltos a casarse, a la cual ha dedicado más de la mitad de las dos horas de su discurso”.

“Standing ovation” de los grandes medios. Silencio perplejo del pueblo fiel

Ello ha bastando para que los grandes medios de comunicación social dieran curso a una especie de  standing ovation a la nueva “apertura” de la Iglesia Católica.

Mientras tanto, millones de católicos en todo el mundo quedaban en perplejo silencio, preguntándose sobre la ortodoxia y sobre la oportunidad de tal medida, vinculándola apropiadamente, de un lado, a la enseñanza evangélica sobre la indisolubilidad del matrimonio y la consecuente condenación del adulterio, y del otro, a todo el proceso de relativismo moral y de secularización imperantes en la sociedad, especialmente en la occidental, a partir del divorcio civil hasta la revolución sexual, que ha tenido una vertiginosa aceleración desde los años sesenta del siglo pasado.

Son innumerables los fieles que aún tienen presente en la memoria los esfuerzos de los últimos Papa para levantar una barrera a la avalancha revolucionaria que amenaza severamente arrasar la institución de la familia, en modo particular el Papa Pio XI con su encíclica Casti Connubii, Pio XII con sus alocuciones a los recién casados, el Papa Paulo VI con la encíclica Humanae Vitae, con los documentos del Papa Juan Pablo como Evangelium Vitae,  Familiaris Consortio y Veritatis Splendor y con la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica,  hasta la enunciación de los “principios no negociables” por parte del Papa Benedicto XVI.

Efectivamente, entre los fieles eran tantos los que se preguntaban el porqué del querer formular justo en este contexto una propuesta que parecía querer beneficiar una vasta corriente cultural y de mass media ya rebatida por el Magisterio perenne - por lo demás muy recientemente reiterado – acerca de la admisión a la Comunión de los divorciados vueltos a casarse civilmente.

¿Cómo era posible que altas autoridades eclesiásticas no se diesen cuenta de lo que un simple pero seguro sensum fidei asociaba en modo casi automático a una especie de “divorcio católico”, que abriría en la Iglesia las mismas llagas que el divorcio civil había abierto en la sociedad secularizada?

¿Cómo era posible dejar de ver que de ese modo se abría abierto en la Iglesia un proceso análogo al de la sociedad civil, dando inicio al rápido descenso en el tobogán de la “revolución cultural” del 68?

¿Cómo no sospechar del vasto clamor mediático a favor de la “propuesta Kasper” de parte de los  grandes promotores de la revolución cultural?

Un Sinodo truccato?

Al frenético redoble de tambores de los mass media sobre esta inesperada “apertura”,  hizo inmediatamente eco una serie de conferencias y artículos por parte de los teólogos progresistas en un esfuerzo de dar un aval académico y/o pastoral a la “propuesta Kasper”.

Se volvía patente que esta propuesta abría aleteado por encima del inminente Sínodo extraoridinario sobre la Familia, influenciando su resultado. Y así ocurrió. La supuesta urgencia de dar una “respuesta pastoral”  a los “nuevos problemas” de las “nuevas familias”, que permitiése a la Iglesia “no perder el contacto con el hombre contemporáneo”, dominó ya sea el debate presinodal ya sea el del sínodo mismo.

Seguramente no era la propuesta Kasper la preocupación más apremiante acerca de la familia para la mayoría de los padres sinodales convocados a Roma en el octubre del 2014. Al contrario, muy probablemente lo era su exacto opuesto: cómo defender el rebaño que les había confiado Cristo contro las insidias crescientes de una revolución sexual que lo estaba alejando de la fe y de la práctica religiosa.

Mucho ha sido escrito y dicho sobre los contorcidos procedimientos de elaboración de los preparativos y de los resultados de las discusiones sinodales. Algunos hechos son seguros: después de la “Relatio post disceptationem” del primer Sínodo sobre la familia, explotó una fuerte y clamorosa protesta en el aula sinodal frente al Papa. El Cardenal Erdö, presidente del Sínodo, se vió obligado a distanciarse del secretario Mons. Forte delante de una numerosa platea de periodista venidos de todas parte, puesto que éste había agregado, de su propia iniciativa, una extensión de la “apertura” también a las parejas homosexuales en la Relatio.

El reputado vaticanista del National Catholic Register, Edward Pentin, describió las maniobras efectuadas para amañar ese Sínodo en un libro que causó revuelo (The Rigging of a Vatican Synod, es decir,  La manipulación del Sínodo vaticano).

 

La onda telúrica de la confusión

Desde el epicentro de la “propuesta Kasper” comenzó a expandirse, a manera de una onda telúrica, una inmensa confusión y un inmenso desconcierto en toda la Iglesia . A pesar de los convites a la tranquilidad hechos en la segunda parte del Sínodo extraordinario del 2014, ya no fue más posible esconder que se había abierto una brecha y que por ella habría podido pasar no sólo la “propuesta Kasper” sino que también todo el nuevo “cambio de paradigma” de la moral católica. Tal vez las intervenciones extemporáneas de un mons. Bruno Forte podrían ser mejor calculadas en el futuro, pero ya cabían pocas dudas sobre las finalidades de la agenda de la nueva teología moral.

Hoy los hechos hablan por si mismos.

A menos de cuatro años del consistorio del 2014 en el que resonó la “propuesta Kasper”, no pasa semana  sin que se escuche hablar ya no sólo de comunión a divorciados vueltos a casar civilmente sino también de Misas celebradas para el ámbito LGBT o para parejas del mismo sexo; de un consejero de la Santa Sede, el jesuíta James Martin, que justifica y promueve una tal “pastoral”; de la necesidad de “superar el contexto histórico” en la cual se encuadraba la encíclica  Humanae Vitae,  etc. etc.

El “cambio di paradigma” baja sobre la Iglesia en modo torrencial.

Justamente fue en el contexto de perplejidad generalizada que se creó después del primer Sínodo sobre la Familia en el octubre 2014, que un grupo de laicos, incentivados por ilustres pastores, decidieron reunirse para elevar al Sumo Pontífice una “filial súplica”, que en modo respetuoso advirtiera sobre el previsible desenlace del proceso que se estaba abriendo y solicitaba una intervención rectificadora.

¿Qué pedía la Filial Súplica?

Ante la confusión que se ya a ese punto del debate se había creado, la Filial Súplica al Papa Francisco sobre el futuro de la Familia pedía al Sumo Pontífice “una palabra esclarecedora que disipase el generalizado desorientamiento causado por la eventualidad que en el seno de la Iglesia se abra una brecha tal que pueda permitir el adulterio – como consecuenzia de la admisión a la Comunión de las parejas divorcias y vueltas a casar civilmente”

La carta era motivada por la aprensión que producía una tal perspectiva ya que – afirmaba - desde “la llamada Revolución del 68 padecemos una imposición gradual y
sistemática de costumbres morales contrarias a la ley natural y divina, tan implacable que hace hoy posible, por ejemplo, que se enseñe en muchos lugares la aberrante “ideología del género” aún en la tierna infancia”.

Los suplicantes pedían esta “palabra esclarecedora” puesto que hasta ese momento la enseñanza católica sobre el sexto mandamiento del Decálogo era “como una antorcha encendida delante de este oscuro designio ideológico” y con las discusiones presionodales y sinodales del 2014 la luz de esa antorcha “parecía vacilar”.


Entrega de la Filial Súplica

El 29 de setiembre del 2015, festividad de los Santos Arcángeles, esta “Filial Súplica al Papa Francisco sobre el futuro de la Famiglia” firmada por 790.190 católicos de 178 Países, entre los que se contaban 8 cardenales, 203 arzobispos y obispos e innumerables sacerdotes, fue entregada en la Secretería de Estado de Su Santidad. Días más tarde fueron entregadas otras 89.261 adesiones, totalizando por lo tanto 879.451 firmantes.

Es triste constatar que hasta la fecha el secretariado de la “Filial Súplica”, que representa una coalición de más de 60 organizaciones pro-familia y pro-vida de los 5 continentes, no ha recibido siquiera una nota protocolar de recibo de las firmas por parte de la Santa Sede. Una omisión paradojal considerando que el Papa Francisco ha manifestado varias veces el deseo de una Iglesia cercana a los problemas de los fieles y del pueblo en general, bien como abierta al diálogo y al debate franco.

No obstante ello, la “Filial Súplica” ha tenido una vasta repercusión internacional, ya sea en la prensa religiosa ya sea en la prensa laica, contribuyendo así a dar inicio al movimiento de opinión pública católica que se va delineando cada vez más nítidamente como una legítima resistencia al  “cambio de paradigma” moral y de fidelidad al magisterio perenne de la Iglesia.

La continuación de la resistencia: una declaración de fidelidad

Después del segundo Sínodo sobre la familia y de la publicación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, los organizadores de la Filial Súplica han preparado una “Declaración de fidelidad a la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y a su ininterrumpida  disciplina” , recibida de los Apóstoles, atendiendo de ese modo una sugerencia de altas autoridades eclesiásticas. En carencia de los mismos medios logísticos de la primera iniciativa y tratándose esta vez de un documento significativamente más extenso, el secretariado de la Filial Súplica colocó dicha “Declaración de fidelidad” en su sito internet el 29 de agosto del 2016. 

La Declaración de Fidelidad  ha alcanzado la suma de 35.583 firmas, entre las cuales se cuentan las de 3 cardenales, 9 obipos, 636 entre sacerdotes diocesanos y religiosos, 46 diáconos, 25 seminaristas, 51 hermanos religiosos, 150 entre religiosas de clausura y de vida activa, a los cuales se deben agregar 458 laicos divididos entre académicos en general, profesores de teología, profesores de religión, catequistas y agentes pastorales.

¿Qué afirman los firmantes de la Declaración de Fidelidad?

Como lo indica ya el título, los firmantes reiteran de modo explícito y formal su “fidelidad a la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y a su ininterrumpida disciplina”, y ello a causa de que “errores acerca del matrimonio y de la familia han sido muy difundidos en el ámbito católico después del Sínodo extraordinario y del Sínodo ordinario sobre la familia y la publicación de Amoris Laetitia”.    

En este contexto general la Declaración  expresala voluntad de los firmantes de permanecer fieles a las enseñanzas inmutables de la Iglesia sobre la moral y sobre los sacramentos del matrimonio, de la Reconciliación y de la Eucaristía y a su perenne disciplina por lo que dice respecto a dichos sacramentos”.

Entre otras cosas, los firmantes desean manifestar que “todas las formas de convivencia more uxorio (como esposo y esposa)  fuera de un matrimonio válido son gravemente contrarias a la voluntad de Dios; que las uniones irregulares contradicen el matrimonio querido por Dios y jamás pueden ser aconsejadas como un prudente y gradual cumplimiento de la Ley Divina”.

Reafiman también que una consciencia bien formada no puede concluir:

  • que la permanencia en una situación objetivamente pecaminsa sea lo que Dios en esa circunstancia pida de ella;
  • que el cumplimiento del sexto mandamiento y la indisolubilidad del Evangelio sean meros ideales;
  • que a veces pueda ser insuficiente la gracia para vivir castamente en el propio estado, lo que supuestamente daría un “derecho” a algunos a recibir la absolución y la Eucaristía;
  • que basta tener una consciencia subjetiva para auto-absolverse del pecado de adulterio;

Enseñar y ayudar los fieles a vivir conforme a estas verdades – concluyen los signatarios – es en sí mismo una “eminente obra de misericordia y caridad”, recordando que si la Iglesia alterara la norma de negar el acceso a la Eucaristía a quien se encuentra manifiestamente en un estado objetivo de pecado grave,  Ella se comportaría como “propietaria de los sacramentos” y no apenas como “su fiel administradora”, encargo que le fuera conferido por Nuestro Señor.

Iniciativas análogas y convergentes

Si bien distinta de otras iniciativas tendientes a pedir esclarecimientos para poner fin a la situación patente de anómala confusión y perplejidad imperante en la Iglesia, la Declaración de Fidelidad, con su nutrido y calificado número de firmantes eclesiásticos y civiles, se constituye así como otra voz que emerge en el coro de preocupaciones suscitado por el capítulo 8 de Amoris Laetitia y por las contradictorias interpretaciones que lo han seguido.

La perplejidad de innumerables fieles de todos los continentes encuentra una resonancia de autoridad en los cinco dubia presentados por cuatro cardenales en setiembre del 2016. Los purpurados han solicitado fraternalmente al Papa que les hiciera saber si, después de dicha exhortación apostólica, se podía retener aun vigente la enseñanza acerca de la existencia de normas morales absolutas, válidas sin  excepción, que prohiben practicar actos intrínsecamente malos como el adulterio, y si era posible ahora conceder la absolución en el sacramento de la Penitencia y, en consecuencia, admitir a la Sagrada Eucaristía a una persona que, estando unida por un vínculo matrimonial válido, convive en adulterio con otra, sin que se hayan cumplido las condiciones previstas por la moral tradicional y el código de derecho canónico.

 El Santo Padre ha decidido no responderles y - causando aún mayor desconcierto entre tantos fieles – tampoco concederles la audiencia privada que los referidos purpurados le solicitaban  en carta del 25 de abril pasado, para tratar de ese tema, em vista de las “numerosas declaraciones de obispos, cardenales y hasta de conferencias episcopales que aprueban lo que el Magisterio de la Iglesia jamás aprobó”, de suerte que “lo que es pecado en Polonia es bueno en Alemania y lo que es prohibido en la arquidiócesis de Filadelfia es lícito en Malta”.

La más reciente manifestación de esa voluntad del Papa Francisco de mantenerse en silencio y de permitir que se agrave el panorama de confusión por la difusión de graves errores teológicos y morales es el mutismo delante de la “Corrección filial por la propagación de herejías” elevada a Su Santidad el pasado 11 de Agosto por un grupo de pastores de almas y de académicos. Grupo éste al cual cada día se suman nuevos y calificados adherentes.