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Resumen de la Declaración de Fidelidad:

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Errores sobre el matrimonio verdadero y sobre la familia se han diseminado ampliamente en los ambientes católicos, de modo particular después de los dos Sínodos sobra la familia, el Extraordinario y el Ordinario, y de la Exhortación Amoris Laetitia.
Ante tal realidad, la presente Declaración expresa la resolución de sus firmantes de permanecer fieles a la enseñanza moral inmutable de la Iglesia en lo que toca al sacramento del Matrimonio, de la Reconciliación, de la Eucaristía y de la disciplina permanente en lo que se refiere a estos sacramentos.
Específicamente, la Declaración de Fidelidad reitera firmemente:
I. Sobre la castidad, el matrimonio y el derecho de los padres:
  • Todas las formas de cohabitación more uxorio fuera de un matrimonio válido contradicen gravemente la voluntad de Dios;
  • El matrimonio y el acto conyugal tienen ambos el propósito procreador y unitivo y todo acto conyugal debe estar abierto al don de la vida;
  • La así llamada educación sexual es un derecho fundamental y primario de los padres y debe ser siempre llevado a cabo bajo su atenta orientación;
  • La adopción de la castidad perfecta como manera de consagrarse perpetuamente a Dios es objetivamente más excelente que el matrimonio.
II. Sobre la cohabitación, las uniones de personas del mismo sexo y el matrimonio civil después del divorcio:
  • Las uniones irregulares no pueden ser jamás equiparadas al matrimonio, aceptadas como moralmente lícitas ni reconocidas legalmente;
  • Las uniones irregulares no pueden expresar ni parcialmente ni por analogía el bien del matrimonio cristiano, por el contrario, se le oponen radicalmente y deben ser consideradas como formas de vida pecaminosas;
  • Las uniones irregulares no pueden ser recomendadas como si fueran un cumplimiento prudente y gradual de la ley divina;
III. Sobre la Ley Natural y la conciencia individual:
  • La conciencia no es la fuente del bien y del mal, sino que advierte de que manera una acción debe adecuarse a la ley divina y natural;
  • Una conciencia bien formada nunca llegará a la conclusión de que, por causa de las limitaciones de una persona determinada, la mejor respuesta que ella puede dar al Evangelio sea la de permanecer en una situación objetivamente pecaminosa o que Dios así se lo está pidiendo;
  • Las personas no pueden pensar que la práctica del Sexto Mandamiento o la indisolubilidad del matrimonio sean meros ideales a ser alcanzados;
  • El discernimiento personal o pastoral no debe jamás dar lugar a que los divorciados “re casados” puedan concluir que su unión adulterina pueda justificarse por la “fidelidad” al nuevo compañero o a la nueva compañera, o que separarse de la unión adulterina sea imposible o que, procediendo de esta manera, se exponen a nuevos pecados; los divorciados que se han “re-casado” y que no pueden atender la exigencia grave de separarse, están moralmente obligados a vivir como “hermano y hermana” y evitar de dar escándalo, particularmente cualquier manifestación de intimidad propia de las parejas casadas.
IV. Sobre el discernimiento, la responsabilidad, el estado de gracia y el estado de pecado:
  • Los divorciados “re-casados” civilmente, que adoptan tal situación con plena advertencia y deliberación consentida de la voluntad, no son miembros vivos de la Iglesia porque están en estado de pecado grave que les impide la posesión y el crecimiento de la caridad;
  • No existe una estado intermedio entre el estado de gracia de Dios y su privación en razón del pecado grave. El crecimiento espiritual para quien viva en estado objetivo de pecado consiste en abandonar tal situación;
  • Dado que Dios es omnisciente, la ley natural y la ley revelada regulan todas las situaciones particulares, especialmente cuando prohíben acciones “intrínsecamente malas”;
  • La complejidad de las situaciones y los diversos grados de responsabilidad no impiden a los pastores concluir que quienes viven en uniones irregulares se encuentran objetivamente en estado de pecado grave y de presumir, en el foro externo, que se encuentran privados de la gracia santificante;
  • Como el hombre es dotado de libre voluntad, los actos voluntarios deben ser imputados a su autor y tal imputabilidad debe ser presumida;
V. Sobre los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía:
  • El confesor debe amonestar a los penitentes que trasgreden la ley divina y asegurarse de que éstos desean verdaderamente la absolución y el perdón de Dios, sobre todo que están determinados a revisar y corregir su conducta;
  • El confesor no puede considerar que están en estado de gracia ni, por lo tanto, en condiciones de recibir la Sagrada Eucaristía, y ni siquiera de recibir la absolución, los divorciados “recasados” civilmente que se mantienen en estado objetivo de adulterio, a no ser que expresen contrición y se resuelvan a abandonar su estado de vida;
  • Ningún discernimiento responsable puede sustentar que la admisión a la Eucaristía está permitida a los divorciados “re-casados” civilmente que viven abiertamente mode uxorio, bajo el pretexto de que, por causa de una responsabilidad disminuida, no existe pecado grave. De hecho, su vida externa contraría objetivamente el carácter indisoluble del matrimonio cristiano;
  • La convicción subjetiva de la invalidez del matrimonio precedente no servirá jamás, de por sí, para excusar el pecado material de adulterio o de eximir de las consecuencias sacramentales del vivir como pecadores públicos a los divorciados “re-casados” civilmente;
  • Quienes reciben la Sagrada Eucaristía deben hallarse en estado de gracia y, por lo tanto, los divorciados “re-casados” civilmente que llevan un estilo de vida pecaminoso, se arriesgan a cometer un sacrilegio al recibir la Sagrada Eucaristía;
  • Según la lógica del Evangelio, las personas que mueren en estado de pecado mortal sin reconciliarse con Dios, se condenan eternamente al Infierno;
VI. Sobre la actitud maternal y pastoral de la Iglesia:
  • La enseñanza clara de la verdad es una eminente obra de misericordia y caridad;
  • La imposibilidad de dar la Comunión a católicos que viven manifiestamente en un estado objetivo de pecado grave emana del cuidado maternal de la Iglesia, a partir del momento que ella no es propietaria de los sacramentos sino, más bien, su administradora.
  • VII. Sobre la validez universal del Magisterio de la Iglesia:
  • Las cuestiones doctrinales, morales y pastorales que resguardan el sacramento de la Eucaristía, de la Reconciliación y del Matrimonio deben ser resueltas por la intervención del Magisterio y, por su propia naturaleza, excluyen las interpretaciones contradictorias o la posibilidad de producir consecuencias prácticas sustancialmente opuestas a ellas;
Mientras se propagan por todas partes las plagas del divorcio y de la depravación sexual, incluso en el interior de la vida eclesial, es un deber de los obispos, de los sacerdotes y de los fieles católicos el declarar al unísono su fidelidad a la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y a su disciplina ininterrumpida tales como han sido recibidas de los apóstoles.
 
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Comunicado de prensa de la Filial Súplica en el Centenario de la última aparición de Nuestra Señora de Fátima

3 cardenales, 9 obispos, 636 sacerdotes diocesanos y religiosos, 46 diáconos, 25 seminaristas, 51 hermanos religiosos, 150 religiosas de vida activa y de clausura, además de 458 personas entre profesores de Teología, profesores de religión, catequistas, agentes pastorales y profesores universitarios en general , firman una “Declaración de Fidelidad a la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y a su ininterrumpida disciplina” recibida de los Apóstoles.


Roma, 13 de octubre del 2017

El día 29 de septiembre de 2015, festividad de San Miguel y de todos los Arcángeles, la Secretaría de Estado de la Santa Sede recibió la Filial Súplica al Papa Francisco sobre el futuro de la Familia, suscrita  por 790.190 católicos procedentes de 178 países, entre los cuales ocho cardenales, 203 arzobispos y obispos e incontables sacerdotes de todo el mundo. Más tarde, fueron entregadas  89.261 nuevas adhesiones, totalizando 879.451 firmantes.

El texto suplicaba al Papa Francisco “una esclarecedora palabra” que disipase la “generalizada desorientación causada por la eventualidad de que en el seno de la Iglesia se haya abierto una brecha que permita la aceptación del adulterio —mediante la admisión a la Eucaristía de parejas divorciadas vueltas a casar civilmente”.

Hasta el día de hoy, el seccretariado de la “Filial Súplica”, que para el efecto representa una coalición de más de 60 instituciones pro-familia y pro-vida de los 5 Continentes, no ha recibido siquiera un acuse de recibo de parte de la Santa Sede. Esa omisión resulta tanto más paradojal cuánto el Papa Francisco manifiesta que desea una Iglesia vecina a los problemas de los fieles y al pueblo en general, bien como abierta al diálogo.

Trascurrido el segundo Sínodo sobre la Familia y publicada la exhortación Amoris Laetitia, los organizadores de la “Filial Súplica” redactaron una “Declaración de Fidelidad a la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y a su ininterrumpida disciplina” recibida de los Apóstoles, dando curso así a una sugerencia comunicada por altas esferas eclesiásticas.  No disponiendo de los mismos medios logísticos de la primera iniciativa y tratándose esta vez de un documento significativamente más extenso,  el secretariado de  la“Filial Súplica” colocó en fecha XXX dicha Declaración en su sito internet, de modo que la pudieran firmar aquellos que así lo desearan.

La Declaración de Fidelidad  ha alcanzado la suma de 35.112 firmas, entre las cuales se cuentan las firmas de 3 cardenales, 9 obipos, 636 entre sacerdotes diocesanos y religiosos, 46 diáconos, 25 seminaristas, 51 hermanos religiosos, 150 entre religiosas de clausura y de vida activa, a los cuales se deben agregar 458 laicos entre académicos en general, profesores de teología, profesores de religión, catequistas y agentes pastorales.

¿Qué afirman los firmantes de la Declaración de fidelidad?*

Como ya el título lo dice, ellos reiteran en modo explícito y formal “la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y su ininterrumpida disciplina”  a causa de que “errores acerca del matrimonio y de la familia han sido muy difundidos en el ámbito católico después del Sínodo extraordinario y del Sínodo ordinario sobre la familia y la publicación de Amoris Laetitia”.    

En este cuadro general,  la Declaración expresa la voluntad de los firmantes de permanecer fieles a las enseñanzas inmutables de la Iglesia sobre la moral y sobre los sacramentos del matrimonio, de la Reconciliación y de la Eucaristía y a su perenne disciplina por lo que dice respecto a dichos sacramentos”.

Entre otros importantes aspectos, los firmatarios específicamente desean reiterar que “todas las formas de convivencia more uxorio (como esposo y esposa)  fuera de un matrimonio válido son gravemente contrarias a la voluntad de Dios; que las uniones irregulares contradicen el matrimonio querido por Dios y jamás pueden ser aconsejadas como un prudente y gradual cumplimiento de la Ley Divina”.

Ellos reafirman también que una consciencia bien formada no puede concluir:

  • que la permanencia en una situación objetivamente pecaminsa sea lo que Dios en esa circunstancia pida de ella;
  • que el cumplimiento del sexto mandamiento y la indisolubilidad del Evangelio sean meros ideales;
  • que a veces pueda ser insuficiente la gracia para vivir castamente en el propio estado, lo que supuestamente daría un “derecho” a algunos a recibir la absolución y la Eucaristía;
  • que no basta tener una consciencia subjetiva para auto-absolverse del pecado de adulterio;

Enseñar y ayudar los fieles a vivir conforme a estas verdades – concluyen los signatarios – es en sí mismo una “eminente obra de misericordia y caridad”, recordando que si la Iglesia alterara la norma de negar el acceso a la Eucaristía a quien se encuentra manifiestamente en un estado objetivo de pecado grave,  Ella se comportaría como “propietaria de los sacramentos” y no apenas como “su fiel administradora”, encargo que le fuera conferido por Nuestro Señor.

Si bien diferente de otras iniciativas tendientes a pedir esclarecimientos para poner fin a la situación patente de anómala confusión y perplejidad imperante en la Iglesia, la Declaración de Fidelidad, con su nutrido y calificado número de firmantes eclesiásticos y civiles, se constituye así como otra voz que emerge en el coro de preocupaciones suscitadas por el capítulo 8 de Amoris Laetitia y por las contradictorias interpretaciones que lo han seguido.

En efecto,  esta perplejidad de innumerables fieles de todos los continentes encuentra una resonancia de autoridad en los cinco dubia presentados por cuatro cardenales en setiembre del 2016, solicitando fraternalmente al Papa que les hiciera saber si, después de dicha exhortación apostólica, continuaba vigente la enseñanza acerca de la existencia de normas morales absolutas, válidas sin  excepción, que prohiben practicar actos intrínsecamente malos como el adulterio, y si era posible ahora conceder la absolución en el sacramento de la Penitencia y, en consecuencia, admitir a la Santa Eucaristía a una persona que, estando unida por un vínculo matrimonial válido, convive en adulterio con otra, sin que se hayan cumplido las condiciones previstas por la moral tradicional y el código de derecho canónico. El Santo Padre ha decidido no responderles y - causando aún mayor desconcierto entre tantos fieles – tampoco concederles la audiencia privada que los referidos purpurados le solicitaban  en carta del 25 de abril pasado, para tratar de ese tema, em vista de las “numerosas declaraciones de obispos, cardenales y hasta de conferencias episcopales que aprueban lo que el Magisterio de la Iglesia jamás aprobó”, de suerte que “lo que es pecado en Polonia es bueno en Alemania y lo que es prohibido en la arquidiócesis de Filadelfia es lícito en Malta”.

La más reciente manifestación de esa voluntad del Papa Francisco de mantenerse en silencio y de permitir que se agrave el panorama de confusión por la difusión de graves errores teológicos y morales es el mutismo delante de la “Corrección filial por la propagación de errores” elevada a Su Santidad el pasado 11 de Agosto por un grupo de pastores de almas y de académicos. Grupo éste al cual cada día se suman nuevos y calificados adherentes.

En archivo separado sigue una lista de algunas de las personalidades de relieve que han firmado la “Declaración de Fidelidad a la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y a su ininterrumpida disciplina”.


* Quien desee adherir a ella puede firmar en el sito www.filialsuplica.org



“El matrimonio sea tenido por todos en honor”
(Heb 13, 4)
Únase a millares de obispos,
sacerdotes y fieles católicos declarando
su fidelidad a las inmutables enseñanzas de
la Iglesias sobre el matrimonio y a la
respectiva disciplina, que nunca ha sido interrumpida
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Rvdo. Don Nicola Bux, Docente en la Facultad Teológica Pugliese, Italia.
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Rvdo. P. Giovanni M. Scalese B., Ordinario para Afganistán.
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Rvdo. Doc. José María Iraburu, Profesor Emérito de teología espiritual en la Facultad de Teología del Norte de España; presidente de la Fundación Gratis Date y editor del diario Infocatólica, España.
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